Hay polvorones… y luego está el de guayaba, el verdadero campeón de la vitrina de la panadería. Suave, arenoso, con ese centro rojo que asoma como una joya comestible, este clásico no necesita presentación—pero igual se la damos, porque se lo merece.
100% hecho a mano, desde la masa hasta la pintura, tan realista que casi provoca hambre.
Finalizado con una capa de resina para asegurar su protección de guayazos, sol y agua.
Compacto, liviano y duradero, se sujeta fácilmente a tus llaves, mochila o bolso. Ideal como regalo o para darte un gustito sin calorías.






Reviews
There are no reviews yet.